viernes, 23 de noviembre de 2018

PALABRAS



Estoy escuchando gritos y ya no me alarman, porque yo misma he aprendido a gritar y sé que las palabras dichas en gritos son las que más suenan, pero las que menos se sienten.
En cambio, las palabras que se susurran, como las que se dicen los enamorados cuando saben que no hay nadie escuchando, son las más gordas, las que más mojan y las que más se clavan.
Yo, sin embargo, no puedo susurrar. He ido al logopeda porque tenía una ceniza en la voz, y me ha dicho que no susurre. Los susurros son los que más dañan a las cuerdas vocales. He preferido reservarme para gritar cuando los niños no atienden; y me he quedado sin susurros.

Creo que me he quedado sin amor.

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