Estoy escuchando gritos y ya no me alarman, porque yo misma he
aprendido a gritar y sé que las palabras dichas en gritos son las que más
suenan, pero las que menos se sienten.
En cambio, las palabras que se susurran, como las que se dicen los
enamorados cuando saben que no hay nadie escuchando, son las más gordas, las
que más mojan y las que más se clavan.
Yo, sin embargo, no puedo susurrar. He ido al logopeda porque tenía
una ceniza en la voz, y me ha dicho que no susurre. Los susurros son los
que más dañan a las cuerdas vocales. He preferido reservarme para gritar cuando
los niños no atienden; y me he quedado sin susurros.
Creo que me he quedado sin amor.
